Empédocles e Hipócrates: de los cuatro elementos a los humores en el hombre y el cosmos
- Luis Adrián Rodríguez Cortés
- 8 abr
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La medicina hipocrática legó a la tradición médica occidental un conjunto de conceptos cimentados en la visión de la naturaleza como un sistema de equilibrios, ejemplo de ello son los términos crisis, dieta e higiene, entre otros. Los cuales, a pesar de las modificaciones en su uso actual, conservan resabios de la visión médica que los vio nacer, orientada a una restitución de la armonía propia de la naturaleza. Probablemente, la concepción de los humores y su relación con los padecimientos es la más representativa de la experiencia hipocrática de la medicina, sin embargo, este marco explicativo de los fenómenos relativos a la salud y la enfermedad es deudor del pensamiento de uno de los llamados filósofos presocráticos, Empédocles de Agrigento. En el presente ensayo recuperaremos brevemente algunas semejanzas y diferencias entre los planteamientos del filósofo presocrático y de los médicos hipocráticos.

En los fragmentos de Empédocles de Agrigento (495-435 a.C.) encontramos la primera formulación de una tétrada que compone la naturaleza: “Zeus resplandeciente, Hera que da la vida, Aidoneo y Nestis que destila la fuente mortal de las lágrimas”1. En esta enumeración, Zeus es símbolo del fuego, Hera del Aire, Aidoneo de la tierra y Nestis del agua. Al respecto de estos elementos, los fragmentos atribuidos a Empédocles afirman que son increados y que tanto la vida como la muerte son los nombres con los que llamamos a la mezcla y la separación de estos2, eventos que son causados por dos fuerzas: la amistad, que une a todos los miembros que forman los cuerpos en la cumbre de la vida; y la discordia, que separa los miembros del cuerpo, quedando cada uno por separado en el límite de la vida3 .
En lo general, las características de los elementos postuladas por Empédocles se mantienen patentes en la concepción de los humores ofrecida por Hipócrates de Cos, con la importante salvedad de una patente secularización en su planteamiento. Otra diferencia entre la concepción hipocrática de los humores y los elementos de Empédocles es que, para los hipocráticos, las fuerzas que unen y separan a los humores no son externas a los humores mismos, sino que tienen lugar por un ejercicio de moderación mutua de poderes
“lo caliente, al mezclarse es moderado por lo frío, y lo frío por lo caliente. Cuando, en cambio, uno queda completamente separado del otro, entonces sí se produce dolor”4,
dice el autor de De la medicina antigua.

Los humores descritos por los autores del Corpus Hippocraticum, en ocasiones en un sistema binario y en ocasiones con el popular esquema que incluye a la flema, la sangre, la bilis negra y la bilis amarilla5, poseen las propiedades frías, calientes, húmedas y secas de los cuatro elementos, mismas características que los médicos hipocráticos asocian con las estaciones del año. La experiencia clínica de los hipocráticos les permitió observar que cada estación acarrea enfermedades que les son propias. Así, en Sobre los humores, leemos “conózcanse los humores: en qué estaciones florecen, qué tipo de enfermedades producen en cada estación”6, sentencia que podemos complementar con la contenida en los libros reunidos bajo el título Epidemias, donde el autor menciona
“(...) el invierno, cuando sobreviene, resuelve las enfermedades estivales, y el verano, cuando sobreviene, modifica las invernales”7.
No obstante, el conocimiento de las enfermedades propias de cada estación adquirido por la experiencia no ofrecía al médico hipocrático un campo seguro para prever los problemas de salud que se presentarán en determinado tiempo y lugar, ya que así como los humores del microcosmos que es el hombre pueden estar mal constituidos, así también las estaciones del año pueden presentar irregularidades, tal como lo reporta el autor del libro III de Epidemias “el verano que se originó no resultó bien constituido en sí mismo, pues fue sumamente cálido y de tipo meridional y carente de vientos”8.
Conclusiones
La medicina hipocrática fue fundamental en la historia de las ciencias de la salud porque dotó a los médicos de un conjunto de herramientas independientes de las explicaciones teológicas. Incluso por haber distinguido cuál es el interés específico que el médico tiene sobre los hombres, diferente al interés de la filosofía. En términos actuales, podemos decir que el ejercicio de diferenciación realizado por la medicina hipocrática fue clave en la consecución de la autonomía de la medicina. Sin embargo, los autores hipocráticos también mostraron la necesaria relación de la medicina con los saberes más allá de los cuerpos.
Sin someterse a otros campos del conocimiento, obras como Sobre los aires, aguas y lugares o los tratados reunidos bajo el título Epidemias muestran la necesidad de contar con conocimientos geográficos, meteorológicos, estadísticos y hasta antropológicos para el cabal ejercicio del médico. La extensión y complejidad de estas disciplinas, auxiliares de la medicina desde este punto de vista, aunada a la cantidad de factores que rodean los fenómenos de salud y enfermedad, (como lo es, incluso, el comportamiento de quienes rodean al enfermo), muestra el grado de incertidumbre patente en la medicina hipocrática.
Referencias
1 Angelo Altieri (1993), Presocráticos, México, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, p. 128.
2 Ibid. p., 129.
3 Crf. Ibid. p., 131.
4 Hipócrates (1991), De la medicina antigua, México, Universidad Nacional Autónoma de México, p.13. (H 47)
5 Juan Antonio López Férez, nota al pie en: Hipócrates (1997), Tratados hipocráticos II. Sobre los humores, España, Biblioteca Clásica Gredos, p. 100.
6 Hipócrates (1997), Tratados hipocráticos II. Sobre los humores, España, Biblioteca Clásica Gredos, p. 109.
7 Hipócrates (1997) Tratados hipocráticos V. Epidemias, Libro III, España, Biblioteca Clásica Gredos, p. 113
8 Ibidem.




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